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Medir el riesgo, no solo el daño: por qué la severidad potencial manda

Martín Molano

2 de febrero de 2026

En turismo y expedición, el riesgo suele evaluarse por el desenlace: si el incidente fue leve, se asume que el riesgo era leve. Esta reflexión discute por qué esa lógica tranquiliza… pero gobierna mal. Propone una distinción operativa que cambia la prevención: la severidad real describe el daño; la severidad potencial describe la exposición. Y la exposición es el único territorio donde todavía se puede decidir antes de pagar el costo. A partir de datos del Ai+ —miles de registros que parecen “amables” a primera vista, pero esconden un borde serio cuando se mira el potencial— el texto sostiene que el aprendizaje más valioso no ocurre después del golpe, sino cuando el golpe aún no ha ocurrido. La pregunta no es qué pasó, sino qué decisión habilita lo que pudo pasar.

En turismo y expedición, el riesgo suele evaluarse por el desenlace: si el incidente fue leve, se asume que el riesgo era leve. Esta reflexión discute por qué esa lógica tranquiliza… pero gobierna mal. Propone una distinción operativa que cambia la prevención: la severidad real describe el daño; la severidad potencial describe la exposición. Y la exposición es el único territorio donde todavía se puede decidir antes de pagar el costo. A partir de datos del Ai+ —miles de registros que parecen “amables” a primera vista, pero esconden un borde serio cuando se mira el potencial— el texto sostiene que el aprendizaje más valioso no ocurre después del golpe, sino cuando el golpe aún no ha ocurrido. La pregunta no es qué pasó, sino qué decisión habilita lo que pudo pasar.

En la reflexión anterior (Las cosas por su nombre. Nombrar el riesgo)defendimos una idea simple: si no podemos nombrar el riesgo, no podemos gestionarlo. Nombrar no era un gesto literario, era una herramienta operativa: convertir confusión en criterio.

Esta reflexión continúa esa línea, pero se mueve un paso más allá: una vez el riesgo está nombrado, hay que medirlo de forma que permita decidir antes del costo. Por eso la tesis es acá es: en prevención, la severidad potencial manda. La severidad real describe el daño; la potencial describe la exposición. Y la exposición —si la tratamos con seriedad— es el mejor insumo.

Medir el riesgo, no solo el daño: por qué la severidad potencial manda

Hay una confusión extendida en el mundo del turismo que termina pareciendo sentido común: creer que el riesgo se mide por lo que finalmente sucedió, es decir, la severidad del incidente (la raspada, la diarrea, el brazo roto, etc). En la operación cotidiana de una empresa de turismo, esto se traduce en una lógica simple: si el resultado de un incidente fue leve, entonces el riesgo es leve; si nadie terminó mal, entonces “salió bien”. Pero esa frase, -“salió bien”- útil para cerrar el día y seguir, es un mal criterio para gestionar la incertidumbre, gestionar el riesgo. 

Medir riesgo no es medir daño: severidad potencial vs severidad real en prevención

La confusión común: juzgar por el desenlace

La severidad real de un incidente describe el daño; la severidad potencial describe la exposición. Y la exposición es el único territorio donde la operación todavía puede decidir antes de pagar el costo. Por eso, cuando una organización está liderada bajo procesos preventivos, la severidad potencial manda. Esta te empuja a intervenir cuando aún se puede ajustar antes de que el riesgo se convierta en costo, crisis o lesión importante.

En nuestro sistema Ai+ esto no es un debate semántico. Un incidente con severidad real entre  cero y dos: es un incidente con resultado de muy baja consecuencia: raspadas, dolores de cabeza, olvidos menores, equipos que se dañan o pierden de poca trascendencia. Cuando ese mismo registro tiene severidad potencial igual o superior a tres, lo que está diciendo es exacto y profundamente práctico: no hubo impacto importante, pero el borde era serio o peor. Es diferencial —real versus potencial— es el corazón del criterio, porque separa dos historias que, a simple vista, se ven iguales. La primera es la historia de una exposición baja que terminó con un resultado bajo. -Severidad real- La segunda es la historia de una exposición alta que terminó con un resultado bajo -severidad potencial-. En la primera, el sistema confirma que el estándar está funcionando. En la segunda, el sistema te entrega un crédito de prevención: una oportunidad para intervenir sin heridos, sin crisis, sin reputación en juego, sin costo humano irreversible. Esa es la lógica institucional que buscamos tocar en esta reflexión: que el aprendizaje más barato y más valioso ocurre cuando el daño todavía no llegó, pero el potencial ya estaba ahí.

La evidencia que obliga a gobernar: exposición alta con historias pequeñas

4.096 registros en tres años: por qué tranquiliza (y por qué engaña)

Vemos datos. Si miramos únicamente la severidad real, el mapa se siente amable. En el Ai+ de Fullsky en tres años se han registrado 4.096 incidentes y el grueso de la distribución vive en lo “menor” y en lo “sin impacto” (tabla adjunta). Ese es el tipo de panorama que tranquiliza a cualquier organización: parece que lo serio casi no ocurre. Pero esa tranquilidad es una ilusión de retrospectiva, porque está construida desde el resultado. Cuando se gira el eje hacia severidad potencial, aparece otra geografía: 412 registros tienen severidad potencial igual o superior a 3. Uno de cada diez incidentes, están diciendo que la exposición fue seria, severa o crítica, aun cuando el desenlace no lo fue.

Ahora, la evidencia más difícil de ignorar es todavía más alarmante: de ese universo de datos, existen 12 registros en los que la severidad real fue 0 y la severidad potencial fue 5, crítica. Doce veces el sistema afirmó,  que la exposición era equivalente a 12 fatalidades.  

Aquí aparece la tensión estructural que esta reflexión quiere sostener: la operación puede ser competente y, aun así, estar ciega; puede “resolver” y, aun así, estar acumulando exposición. La severidad real premia la suerte y castiga el azar, porque juzga la historia por el desenlace. La severidad potencial, en cambio, obliga a un tipo distinto de justicia operativa: juzgar por el borde, por la cercanía al umbral, por aquello que el sistema debe gobernar aunque el día haya cerrado sin costo. Eso es incómodo porque quita el consuelo del resultado, pero es exactamente lo que una organización seria necesita para no depender de que “esta vez salió”.

Del registro al sistema: umbrales de escalamiento y cierre de ciclo

Entonces, si aceptamos que la severidad potencial manda, la pregunta deja de ser “¿qué pasó?” y pasa a ser “¿qué decisión habilita este diferencial?”. Aquí es donde el Ai+ deja de ser archivo y se convierte en partitura. Un incidente con severidad real baja (0 a 2) y severidad potencial ≥ 3 no debe quedarse como registro bien escrito; debe convertirse en acción. El sistema que sirve no es el  que produce tranquilidad retrospectiva; sino el que sirve para producir  decisiones inmediatas.

Entonces, si el potencial es serio o peor (3 -5), la organización no puede tratarlo como material liviano solo porque el resultado fue liviano. El resultado, en estos casos, no es evidencia de gestión; es evidencia de que el costo no se cobró esa vez y justamente por eso vale más: porque permite invertir donde duele menos y rinde más. La severidad potencial bien usada, aumenta la inteligencia de la gestión y hace que la conversación deje de depender de quién cuenta mejor la historia y pase a depender de umbrales que todos pueden reconocer.

Preguntas para seguir pensando

¿En qué momento un incidente con severidad real  entre 0 y 2  y severidad potencial ≥ 3 se vuelve un caso a tratar? ¿Cómo cerramos el ciclo de un incidente de potencial alto para demostrar que la exposición bajó, en vez de solo demostrar que el registro mejoró?

En las próximas dos semanas seguiremos el camino lógico de esta secuencia de reflexiones: primero, definimos el denominador para que las señales no sean historias sueltas sino tasas comparables; después, cerramos el ciclo con: convertir patrones en cambios verificables (estándares, formación, equipamiento) y demostrar que la exposición realmente bajó.

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