
Un equipo decide en qué entrenar a su gente de campo. Los primeros auxilios y la experiencia ya están; el registro de incidentes es el asiento que falta. 4.590 incidentes, con una base de 669 molestias del estómago, muestran qué se lee en esa base y qué se le escapa.
En momentos de formación y capacitaciones del equipo de campo (guías, staff, personal de terreno) hay una pregunta que a mi juicio es central: ¿Sobre qué base decide un sistema en qué debe entrenar a su gente de campo? Dos respuestas son comunes. La primera, los primeros auxilios. Por tradición este es un lugar común de entrenamiento. La segunda, los dolores que la propia gente en campo identifica, esa que sabe por el cuerpo dónde suele doler la operación. Ninguna se discute porque las dos son valiosas, pero falta una tercera a mi juicio: los incidentes que la operación anota, uno por uno, temporada tras temporada de manera rigurosa y sin falta.
Ese tercer asiento es el que aquí me ocupa. No para reemplazar a los otros dos, sino para ponerse a su lado. El Ai+ (sobre qué es el Ai+?) reúne lo que una decena de organizaciones de turismo de naturaleza y aventura vienen anotando desde 2021: 4.590 incidentes a lo largo de más de 195.000 días de gente en el campo. Lo que sigue de esta entrada empieza por describir lo que hay, y de ahí pasa a qué puede leerse en ello, con algunas desviaciones a que puede hacerse, entrenarse.
Entre todo lo que el registro guarda, un grupo vuelve una y otra vez: las molestias del estómago, el malestar que asoma en casi cada programa. Contando náuseas, dolor abdominal y lo que cae mal de la comida, suman 669 casos. Casi todos no pasan de incomodidad: 506 severidades menores y 127 severidades moderadas, que se resuelven en campo con reposo, suero o una pastilla. Pero 10 sí cruzaron el umbral y terminaron en un centro médico.
Ahora, en este punto vale una salvedad. Esos diez, y los 659 de abajo, son registros del Ai+, no del país y menos aún latinoamericanos. Salen de un puñado de organizaciones que se han tomado el trabajo de registrar desde hace más de tres años. Por lo tanto no reflejan el 100% el turismo de naturaleza y aventura, pero sí están dibujando una forma del fenómeno. Esa forma no es una muestra en sentido estricto, pero sí me arriesgo a decir que el panorama general latinoamericano al final no será muy diferente. La pregunta sobre qué tan parecido es queda abierta y esperamos desde Fullsky responder en el siguiente relinenio
Si volvemos a los datos y los organizamos, tomarán forma de pirámide: una base ancha de molestias menores y, arriba, una cima diminuta. Debajo de los 10 serios hay 633 casos. 63 por cada uno que llegó a serio (centro médico).

Una base tan poblada y tan visible despierta un impulso viejo y razonable. Si por cada caso serio hay 63 leves debajo, el serio no sale de la nada: es la punta de algo que venía anunciándose desde abajo. Y si se anuncia, podría pensar uno (o el equipo responsable de decidir en que entrenar a su gente), hay dónde mirar antes de que ocurra. Al final son 633 casos menores para estudiar antes del raro, y la pregunta que vale la pena formularse sería de esta naturaleza: ¿qué comparten los 10 serios con los 633?
Heinrich la puso en números hace casi un siglo, mirando accidentes de fábrica halló una proporción estable entre lo leve y lo grave, y de ahí sacó una promesa: apretar lo de abajo hace aflojar lo de arriba. Llevada al estómago de un grupo de viajeros, diría que atender lo que llena esa base recorta también lo que llega a su cima.
La promesa supone entonces que lo leve y lo grave comparten raíz, y que por eso cuidar la base con buena prevención (el agua, la comida, la higiene) baja toda la pirámide, cima incluida. Esta lógica funciona donde esa raíz es común. Ahora, este principio no es absoluto, porque no toda incomodidad en el estómago tiene la misma causa raíz. Por ejemplo, una apendicitis empieza con un dolor de estómago y termina en cirugía, y ninguna práctica que cuide el agua o la comida la habría evitado: es otra cosa que al principio se le parece.
En todo caso, aunque no todos los incidentes tienen una base preventiva común, y eso es razón para desconfiar de la pirámide como modelo preventivo único, la idea sobrevive y es útil como marco cuando la causa es compartida. Acostumbrarse a mirar lo pequeño rara vez sale mal y sin lugar a dudas es una buena práctica.
Como la pirámide, hay otros modelos de valor para explicar los fenómenos del riesgo al aire libre en actividades de turismo y naturaleza. Uno de ellos lo explicó James Reason con una imagen: el queso suizo. Entre el malestar y el daño grave no hay una sola barrera, hay varias, una detrás de otra, como lonjas de queso. Agua limpia, hidratación a tiempo, control de lo que se come, lavada de manos, Brief, control de proveedores, controlar contaminación cruzada, etc. Cada lonja tiene huecos, y casi siempre, cuando una falla, la siguiente ataja. El serio ocurre el día raro en que los huecos se alinean: el agua estaba mala, nadie hidrató temprano, no hubo higiene, el brief no fue escuchado o dado, etc. No fue una barrera la que falló, fue una que encontró todas las puertas abiertas a la vez.
La siguiente grafica muestra en datos lo que venimos hablando, pero no solo desde la perspectiva de enfermedades digestivas, sino con todo el panorama de las enfermedades. Datos reales del Ai+.

Por volumen, digestivo y respiratorio están empatados. Por serios, no se parecen: el digestivo concentra 10 de los 21 serios de enfermedad; el respiratorio, 1. Dicho en proporción, el digestivo es el 26% de las enfermedades pero casi la mitad de las que terminan en serio (10 de 21). La gripe es el espejo: mismo cuarto del volumen, una vez en serio. El estómago y la gripa llenan la base por igual; solo uno de los dos sube.
Para finalizar, los dos modelos miran los mismos casos desde dos lados. Heinrich cuenta cuántos entran por abajo y promete que reducir esa entrada baja la cima. Reason mira cuántas barreras hay entre la entrada y el daño, y por qué a veces ceden todas juntas. Uno cuida el número; el otro, las capas. Por eso quien se sienta a decidir qué entrenar tiene ahora, en ese tercer asiento, dos cosas que mirar a la vez: cuánto de lo que llega se puede evitar abajo, y cuántas lonjas quedan entre una molestia y un daño. La base enorme del estómago enseña sobre lo primero. Del segundo no dice nada: eso se mira aparte, lonja por lonja. Aprender a mirar las dos y otras es lo que Fullsky llama gestión de riesgos riguroso.




