
Cada incidente se anota dos veces: lo que pasó y lo que pudo pasar. Lo primero se cuenta; lo segundo se opina. 4.596 registros muestran qué tan lejos llega esa diferencia.
El Ai+ es un sistema donde varias organizaciones de turismo de naturaleza y aventura registran lo que ocurre en sus programas. No es la bitácora de una sola empresa: es un registro común. Hoy reúne 4.596 incidentes anotados a lo largo de más de 800 salidas, cerca de 195.000 días-participación y más de 28.000 viajeros, entre una decena de organizaciones y más de cien destinos. La base empezó a llenarse en 2021 y crece cada semana, así que cualquier cifra de este texto será un poco mayor cuando usted lo lea.
De todo lo que un incidente se registra, una casilla se llena diferente de las demás. Casi todas piden lo que ocurrió: qué pasó, a quién, dónde, si hubo o no centro médico. Una no. Pregunta por lo que no ocurrió: si la cosa hubiera salido peor, ¿qué tan grave habría sido? se llama severidad potencial. Es la única casilla que no anota un hecho sino una posibilidad, y por eso es la más difícil. sobre ella trata este texto, y de lo que aparece cuando se la mira en los 4.596 incidentes a la vez.
Lo que el incidente pudo haber sido | Casos | De cada 100 incidentes | Por cada 1.000 días-participación |
Peor de lo que fue | 1.426 | 31 | 7,3 |
Pudo requerir centro médico (serio) | 393 | 9 | 2,0 |
Severo | 71 | 2 | 0,4 |
Crítico, el tope de la escala | 23 | 0,5 | 0,12 |
La severidad potencial no cuenta daños. Cuenta sustos: desenlaces que no ocurrieron pero que quien diligenció el formulario consideró que la cosa pudo haber salido peor de lo que salio.
Las tres columnas, de la tabla de arriba, miden lo mismo de tres maneras. “Casos” habla cuántas veces. La segunda, lo pone de cada 100 incidentes, para no depender del tamaño de la base. La tercera, lo divide por cada 1.000 días-participación. (Un día-participación es una persona durante un día, así que treinta personas en una salida de cinco días son ciento cincuenta). Medir contra esa vara permite poner lado a lado una operación pequeña y una grande, porque ajusta por cuánta gente estuvo expuesta y por cuánto tiempo.
Leyendo la tabla de arriba abajo, las filas caen rápido. De cada 100 incidentes, 31 pudieron ser peores, 9 pudieron cruzar el umbral del centro médico, 2 pudieron ser severos y uno de cada doscientos pudo llegar al tope. Cada escalón hacia lo peor es del orden de tres a cuatro veces más raro que el anterior. La tabla tiene forma de ladera: ancha en la base, donde se juntan los sustos pequeños, y fina en la cima, donde quedan los pocos que pudieron ser graves. Lo que se acerca al límite existe, pero es escaso, y se vuelve más escaso cuanto más sube la gravedad.

Hasta aquí la tabla cuenta solo los incidentes que pudieron empeorar. El gráfico de abajo pone las dos lecturas frente a frente, nivel por nivel: en cada uno, lo que de verdad pasó y lo que se juzgó posible.

Lo que de verdad pasó se amontona abajo. Más de 98 de cada 100 incidentes no pasaron de moderado, y en 4.596 registros hubo un solo caso severo y ninguno crítico. La realidad tiene un techo bajo: el campo, cuando se cuenta, rara vez pasa de una incomodidad que se resuelve en la ruta.
El juicio no tiene ese techo. La misma realidad, leída como lo que pudo pasar, corre toda su masa hacia arriba: el moderado se multiplica por dos y medio, el serio casi se quintuplica, y aparecen el severo y el crítico, dos niveles que la realidad casi no toca. Donde la operación de verdad cruzó el umbral del centro médico 78 (1.7%) veces, alguien juzgó que pudo cruzarlo 471 (26.3%). Seis a uno. Por cada vez que el umbral se cruzó, hubo seis en que se sintió cerca.
Un ejemplo concreto. Para una operación que mueve 20.000 días-participación al año, las tasas por cada mil días-participación dejan de ser abstractas. Son 146 incidentes que pudieron ser peores, 40 que pudieron mandar a alguien a un centro médico, 8 que pudieron ser severos y 2 o 3 que pudieron ser lo peor. Ninguno ocurrió. Pero todos estuvieron en el rango de lo posible, y esa es la cuenta que un responsable tiene sobre la mesa cuando mira el año entero.
La primera tabla pide una distinción final para leerse bien. Sus dos primeras columnas se apoyan en un juicio: qué tan peor pudo ser cada incidente lo decidió quien lo anotó. La tercera se apoya en algo que se cuenta sin opinar: cuántos incidentes hubo y cuánta exposición los rodeó. Diagnosticar bien la tabla es saber dónde termina lo que se contó y dónde empieza lo que se juzgó.
Queda una pregunta para quien tiene esta misma tabla de su propia operación: de esos 40 que en un año pudieron ser serios, ¿cuántos lo pudieron ser de verdad?




