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La tasa total de un destino dice cuánto, no de qué. Hay límites de un registro que se levantan con más días acumulados y hay otros, los de composición, que no se mueven por crecer.

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LOS LÍMITES DE COMPRAR

Alguien tiene que decidir qué va en el botiquín. No en abstracto. Este destino, con esta gente, la semana que entra. Y si el mismo equipo opera en dos lugares distintos, la decisión se toma dos veces, y las dos veces se toma con lo que se sabe de cada lugar.

Los números que siguen salen de un registro de incidentes en operaciones de naturaleza y aventura, el Ai+. Hoy hay cerca de doscientos mil días de participación acumulados, repartidos entre destinos que no se parecen entre sí. Lo que se sabe, cuando hay registro, viene en forma de tasa. Una tasa de enfermedad por mil días de participación. Un día de participación es una persona durante un día, así que mil días de participación son cuarenta personas en un viaje de veinticinco días, o cien personas en diez. La tasa dice cuántas enfermedades aparecen por cada mil de esos días. Es la forma más limpia que existe de comparar dos lugares que no se parecen en nada, porque pone el mismo denominador debajo de los dos lugares. Este texto usa esa tasa hasta donde llega, y se detiene con cuidado en el punto donde deja de llegar.

Con esa herramienta en la mano, la tasa, algunos de los destinos del registro del Ai+ se comportan así: Amazonas marca 14,2 enfermedades por mil días de participación. Golfo de Morrosquillo marca 21,1. Santander 18,8, Guajira 18,0. Cuatro destinos con volumen suficiente (más de 5.000 días de participación) para que la cifra signifique algo, todos en el mismo orden de magnitud, ninguno lejos de los otros. Puestos en columna, hay uno más bajo, hay uno más alto, y la distancia entre el extremo y el extremo es de menos del cincuenta por ciento.

Ahora la misma tabla, pero abierta. Las cifras principales son:

Amazonas, tasa general de enfermedad 14,2: neurológico 3,2, gripa 2,6, otro desconocido 2,6, gástrico 1,7.

Golfo de Morrosquillo, tasa general de enfermedad 21,1: gástrico 5,4, gripa 5,0, neurológico 4,4.

Santander, tasa general de enfermedad 18,8: gripa 5,4, neurológico 3,6, gástrico 2,5.

Guajira, tasa general de enfermedad 18,0: gripa 4,6, gástrico 4,2, neurológico 3,2.

Vuelvo al que prepara. Si el número que tiene es 14,2 contra 21,1, lo que sabe es que en uno probablemente vea un poco más de enfermedad que en el otro, y eso le sirve para dimensionar: cuánto llevar, cuánto reponer, cuánta capacidad de atención mantener disponible. Es información real y no es poca. Pero no le dice nada sobre qué va a ver. Un destino donde uno de cada cuatro casos de enfermedad es gástrico no pide lo mismo que un destino donde lo gástrico es uno de cada ocho y lo que aparece con más frecuencia es dolor de cabeza. No estoy diciendo qué llevar en cada caso: estoy diciendo que la tasa total no participa de esa conversación. Se queda afuera. El que compara por el total tiene un número comparable y una decisión que su número no toca.

¿Qué clase de problema es este?

El átomo anterior de esta serie trabajó un problema de cuenta. Los incidentes serios son raros: 77 casos sobre doscientos mil días de participación acumulados, y con esa escasez la tasa de serios todavía se mueve dos tercios de sí misma, entre 0,273 y 0,514 por mil. Una operación que reduzca a la mitad sus incidentes serios en un año tiene cuatro probabilidades sobre cien de verlo en sus propios números. Ese es un límite de volumen puro.

Lo que estoy nombrando acá no es la misma limitación.

Cuando abro Amazonas y encuentro que lo neurológico manda, y abro Golfo y encuentro que lo gástrico manda, no estoy corto de casos. Las cifras son estables, salen de destinos con cinco mil o más días de participación cada uno, la diferencia entre 1,7 y 5,4 no es ruido. El registro está diciendo con claridad que la composición difiere.

El registro muestra que difiere entre un destino y el otro. No contiene la explicación de la diferencia, y no la va a contener, ni normalizar, ni aplanar, por crecer.

Esta es la distinción que quiero dejar sobre la mesa. Hay preguntas cuyo límite es de cuenta y hay preguntas cuyo límite es de composición. Las primeras se reconocen porque tienen un umbral: existe una cantidad de días de participación después de la cual la pregunta se puede contestar, y esa cantidad se puede calcular por adelantado. Las segundas no tienen umbral. Se reconocen porque el dato ya está ahí, visible, estable, y lo que falta no es más dato del mismo tipo: falta saber de qué está hecho el dato que ya tengo.

Nada de esto le quita valor a la tasa. La tasa es lo que permite que Amazonas y Golfo estén en la misma tabla, y sin ella no habría comparación de ninguna clase, solo impresiones de gente que estuvo en distintos lugares. El problema no es la tasa: es tratarla como si fuera el final del ejercicio en lugar de la puerta de entrada. Debajo del total hay una estructura, y la estructura es lo que se parece a una decisión.

Hay algo más que se puede decir sobre este límite, y es que no es transitorio. Un límite de cuenta se puede posponer con honestidad: hoy no puedo afirmar esto, en tres años con este volumen sí. Un límite de composición no se pospone igual. La pregunta por qué produce la diferencia entre lo gástrico en Golfo y lo neurológico en Amazonas, agua, altura, calor, duración del viaje, tipo de actividad, quién viaja, cuánto lleva caminando cuando aparece la cefalea, es una pregunta que se contesta yendo a mirar, no esperando. Y mientras nadie va a mirar, el dato sigue ahí, correcto, estable, publicado, diciendo algo que no se está leyendo.

Cuando usted pone dos tasas lado a lado, ¿qué está comparando: el lugar, o de qué está hecha cada cifra?

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