
Un instructor escribió "lluvia" en la casilla de factores contribuyentes. Hizo bien el ejercicio: el catálogo la lista ahí. Pero el catálogo se actualizó y ahora la respuesta no va ahí.
Esta reflexión trata sobre dos conceptos fundamentales en la gestión de riesgo en turismo de naturaleza y aventura y sobre cómo identificar sus diferencias, algo que eleva a un segundo nivel la práctica en actividades de turismo de naturaleza y aventura.
Un peligro es la fuente potencial de daño. La operación (oficina, logística, staff, clientes, proveedores) no lo puede mover, quitar ni eliminar. Esto viene a ser la tormenta, la niebla, la culebra, la roca suelta. Existe sin la operación y sigue existiendo después de ella. Un factor contribuyente no produce el daño, pero sí cambia la probabilidad de que llegue. Por ejemplo, la fatiga del guía, el rol de personal, la hora de salida de una caminata. Existe porque la operación lo puso ahí, y por eso la operación lo puede mover.
Al respecto de lo anterior, recuerdo que hace poco un grupo de instructores se capacitó en gestión de riesgos. Tenían experiencia media, años suficientes para haber visto cosas, pero no tantos como para haber dejado de sorprenderse. El director del ejercicio lleva más de diez años en campo y les pidió que cerraran los ojos y recordaran el último programa que los había desafiado en terreno. Cuando lo tengan, dijo, abran los ojos y diligencien el documento: análisis y evaluación.
Uno de ellos escribió, en la columna de factores contribuyentes, la siguiente palabra: lluvia. La escribió donde iba. El concepto venía del Sistema de Gestión de Riesgos de Fullsky, y ese catálogo, en esa versión, listaba la lluvia entre los factores contribuyentes. El hombre hizo bien el ejercicio.
Ahora bien, revisando en detalle esa respuesta con el catálogo ya corregido, sabemos, así lo definió Fullsky, que los factores contribuyentes son, por definición, lo que se puede modificar. Es lo único que los hace factores, y como tal, un factor se puede mitigar. La casilla siguiente del formulario pedía exactamente eso, una medida de mitigación. El papel le estaba pidiendo que escribiera cómo pensaba mitigar la lluvia.
No sé qué escribió. Sé que tuvo que escribir algo, porque la casilla estaba ahí y el ejercicio se calificaba. Ese instructor no cometió un error de descuido al escoger la lluvia. La lluvia entró en esa casilla por una razón: la lluvia es ambiente, y el ambiente era uno de los lugares donde vivían los factores contribuyentes para ese entonces. Entró por su categoría, como entra un libro al estante por el apellido del autor.
¿Qué había dentro del libro? El catálogo separaba los peligros de los factores con dos preguntas a la vez, y casi nunca advertía que eran dos. La primera de ellas: ¿el objeto se puede mover, quitar, eliminar? La segunda: ¿qué hace el objeto, es la fuente del daño o solo cambia la probabilidad de que el daño llegue?
Mientras las dos preguntas vayan en la misma dirección, la separación no cuesta nada. Una tormenta no se mueve y es fuente de daño: peligro por los dos lados. La fatiga de un guía sí se mueve (se arma otro rol, se acorta la jornada, se acuesta al equipo más temprano) y no mata a nadie por sí sola, solo abre la puerta: factor por los dos lados. Las dos respuestas coinciden y la casilla se llena sin pensar.
Ahora, sin embargo, hay veces en que el mismo objeto recibe las dos preguntas y las respuestas salen contrarias, sin que ninguna esté equivocada si se toma sola. La niebla es el caso.
A la niebla nadie la mueve: está o no está. La primera pregunta responde fácil. Si esa fuera la única, la niebla es peligro y ahí termina. Pero la segunda pregunta se responde al revés. Contesta que la niebla no lastima: nadie baja de la montaña con una lesión por niebla. Contesta que lo que hace es que el paso siguiente se dé a ciegas, que el último del grupo se quede atrás sin que nadie lo note. Le abre la puerta al daño, pero no lo produce. Si esa fuera la pregunta que manda, la niebla sería factor.
Volvamos al punto, dos preguntas: ¿el objeto se puede mover, quitar, eliminar?, ¿el objeto cambia la probabilidad de que el daño llegue?
Ninguna de las dos preguntas es más verdadera que la otra. Sin embargo, alguien, en una mesa, tiene que decidir cuál de las dos va a mandar, sabiendo que la otra puede quedar sin responder. El catálogo que Fullsky actualizó hace unos años eligió la primera: ¿el objeto se puede mover, quitar, eliminar? El resultado es que los peligros son lo que no se mueve, y por lo tanto la niebla quedó del lado de los peligros bajo esa última actualización.
Esa elección Fullsky no la hizo por lógica. La tomó un equipo, en una mesa, y la tomó por oficio. A un director de programa que sale mañana no le sirve saber qué hace la niebla. Le sirve saber si tiene mano sobre ella. Con esa pregunta arriba, la niebla y las culebras se van juntas al mismo lado, son peligros, no porque se parezcan, sino porque frente a las dos queda lo mismo por hacer: no se tocan, se rodean.
Ahora, lo que queda cuando la lluvia pasa a la columna de peligros no es menos. A partir de esa división entendemos que lo que se gestiona no es el clima, es otra cosa: la hora de salida, la ruta, los equipos que se llevan para protegerse de la lluvia. Ninguna de esas decisiones toca la lluvia. Todas cambian lo que la lluvia encuentra cuando llega.
Ese instructor tuvo que escribir algo al lado de la palabra lluvia, porque la casilla estaba ahí y el ejercicio se calificaba. Hoy la lluvia no llegaría a esa casilla, y nadie tendría que inventar cómo mitigarla.
La casilla sigue existiendo, y sigue pidiendo, solo que ahora pide del lado donde hay mano: la hora, la ruta, el rol, lo que se lleva encima.
En algún formato, ahora mismo, ¿hay una fila del lado equivocado? ¿Alguien va a escribir algo al lado?




