Suscríbete a nuestro blog

Suscríbete a nuestro blog

En gestión de riesgos, el orden visible tranquiliza: un protocolo escrito, una secuencia clara, una lista diligenciada. Pero eso no basta para hablar de sistema. Esta primera entrada explora la distancia que separa una colección de protocolos de una operación capaz de leer, coordinar y corregir.

Cómo distinguir una colección de protocolos de una operación capaz de leer, coordinar y corregir

Hay formas de orden. Un protocolo escrito, una secuencia clara, un formato diligenciado, una lista de verificación, una ruta de escalamiento, una firma. Todo eso ofrece algo que las organizaciones valoran con razón. Equivale a la sensación de que el riesgo ha sido, al menos en parte, gestionado de alguna manera. Ya no está solo en la intuición de las personas ni en la memoria incierta de lo vivido. Ahora existe un documento. Es una manera de nombrar, de repetir, de transmitir. En ese gesto hay un avance. Definitivamente lo hay. 

Pero también hay ahí una tentación.

La tentación de creer que donde aparece una forma de orden ya apareció, con ella, algo más difícil de construir: un sistema. Como si bastara con que el riesgo hubiese sido escrito para que hubiese sido comprendido. Como si la presencia de protocolos, por sí sola, pudiera cerrar la distancia entre prever una situación y habitarla con lucidez cuando de verdad llega.

Los protocolos pertenecen al mundo de lo visible. Se redactan, se comparten, se auditan, se enseñan, se corrigen, se versionan. Tienen una materialidad que se deja mostrar. Un sistema, en cambio, no siempre comparece de ese modo. No es fácil señalarlo con el dedo. No cabe entero en un documento. No se deja exhibir con la misma facilidad con la que se exhibe una carpeta bien organizada. Más que un objeto, parece una relación. 

Por eso la confusión entre protocolos y sistema no es trivial. No se trata simplemente de un error técnico. Tiene algo más profundo: la inclinación a tomar por sustancia aquello que primero se ofrece como forma. A veces una organización se mira a sí misma y, al ver que ya no depende solo de la improvisación, o de algunas personas, concluye que ya tiene sistema. Y quizá lo que tiene, todavía, es otra cosa: muchos protocolos y la voluntad de no dejar todo librado al azar.

Porque un protocolo y un sistema no pertenecen al mismo nivel

El protocolo intenta fijar una secuencia. Busca reducir arbitrariedad, distribuir responsabilidades, evitar que algo importante quede entregado por completo al humor del momento o a la destreza desigual de las personas, o a la memoria. En ese sentido cumple una función valiosa: contiene, orienta, recuerda. Pero un sistema no se limita a eso. Un sistema no solo prescribe; dispone. No solo ordena una respuesta; organiza la posibilidad de leer una situación, reconocer una variación, coordinar una interpretación y corregir una trayectoria. El protocolo actúa sobre una parte; el sistema modifica la forma en que las partes pueden entrar en relación.

Dicho así, la diferencia puede sonar bien abstracta. Pero no lo es. 

Mientras las cosas ocurren según lo esperado, esa diferencia casi no se nota. El grupo responde, el itinerario avanza, el clima acompaña, el terreno no sorprende, los tiempos alcanzan, nadie se fatiga más de la cuenta, nadie se adelanta, nadie se queda atrás. En esa clase de jornada, el orden visible parece suficiente. Los protocolos descansan en la sombra de una operación que no les ha pedido demasiado. Están ahí, disponibles, correctos, quizá incluso útiles. Pero todavía no han sido puestos frente a lo único que de verdad permite medir la consistencia de una estructura: la variación.

No porque todo se vuelva caos de inmediato, sino porque lo escrito empieza a encontrarse con algo que no fue escrito exactamente así. El clima gira. El ritmo cambia. Un participante llega con una energía distinta a la prevista. Una señal corporal aparece antes de lo esperado o más tarde de lo esperable. El terreno se comporta de manera desigual. Una decisión correcta hace una hora pierde claridad. Y entonces lo decisivo ya no es si existe un protocolo, sino qué tipo de relación hay entre ese protocolo, las personas que lo ejecutan y la situación que tienen delante.

Ahí se vuelve visible algo que antes no lo era: una organización puede tener protocolos y seguir siendo tardía en su lectura. Puede haber formalizado respuestas y seguir siendo torpe para percibir cuándo la escena cambió. Puede haber hecho un esfuerzo serio por salir de la improvisación y, sin embargo, no haber construido todavía una operación capaz de sostener discernimiento bajo fricción.

Quizá por eso una colección de protocolos puede parecer más sólida de lo que realmente es. Ofrece la imagen de una estructura. Y, en cierto sentido, la ofrece de manera legítima. Pero no siempre resuelve la cuestión más delicada: si las personas, las herramientas, los umbrales, las secuencias y los criterios están entrando de verdad en una relación que produzca inteligencia operativa, o si apenas están coexistiendo bajo una apariencia común de orden.

En el mundo del turismo de naturaleza y aventura, de viajes, de expediciones en áreas silvestres esta diferencia se deja entrever con frecuencia. Por ejemplo, después de un resbalón, se endurece el protocolo de calzado. Después de un episodio de deshidratación, se fija una pauta uniforme de hidratación. Después de un extravío temporal, se añade una nueva secuencia de verificación. Todas esas respuestas pueden ser razonables. Incluso necesarias. Pero la pregunta de fondo no desaparece con su adopción. ¿Qué cambió realmente en la operación? ¿Aumentó la capacidad de leer mejor lo que está ocurriendo o aumentó, más bien, la cantidad de formas visibles con las que la organización puede decirse a sí misma que aprendió? 

Este Átomo continuará en una segunda entrega: El orden visible y el sistema real (parte 2). La pregunta por la diferencia entre una colección de protocolos y un sistema real no se agota aquí; apenas empieza a tomar forma. Si quieres recibirla apenas sea publicada, te invitamos a suscribirte al blog para poder avisarte.


SUSCRÍBETE A NUESTRO BLOG

Contáctanos:

+57 313 2914956

Links:

Tratamiento de datos

Creado por Colombia Inédita SAS - 2025

Contáctanos:

+57 313 2914956

Links:

Tratamiento de datos

Creado por Colombia Inédita SAS - 2025

Contáctanos:

+57 313 2914956

Links:

Tratamiento de datos

Creado por Colombia Inédita SAS - 2025